Con entre sesenta y ciento veinte días, la pasta del Montasio fresco cede al cuchillo sin romperse, brilla ligeramente y huele a nata limpia. En boca es amable, recuerda yogur entero y mantequilla dulce, con sal fina que no manda. Ideal para fundir suavemente o cortar en dados sobre ensaladas tibias, permite que verduras y panes crujientes canten en armonía. Es el retrato de un comienzo bien cuidado, sin aristas, lleno de promesas.
Con entre sesenta y ciento veinte días, la pasta del Montasio fresco cede al cuchillo sin romperse, brilla ligeramente y huele a nata limpia. En boca es amable, recuerda yogur entero y mantequilla dulce, con sal fina que no manda. Ideal para fundir suavemente o cortar en dados sobre ensaladas tibias, permite que verduras y panes crujientes canten en armonía. Es el retrato de un comienzo bien cuidado, sin aristas, lleno de promesas.
Con entre sesenta y ciento veinte días, la pasta del Montasio fresco cede al cuchillo sin romperse, brilla ligeramente y huele a nata limpia. En boca es amable, recuerda yogur entero y mantequilla dulce, con sal fina que no manda. Ideal para fundir suavemente o cortar en dados sobre ensaladas tibias, permite que verduras y panes crujientes canten en armonía. Es el retrato de un comienzo bien cuidado, sin aristas, lleno de promesas.